El tiempo se apoderó de mi sonrisa, de mis pensamientos, de mis locuras, de cualquier otro amor. Se llevo mi ternura, mis ganas de vivir. Se abalanzó a mis pensamientos oscuros.
El tiempo publicó mis sueños, cicatrizó mis heridas y rompió nuestra promesa, la de no avanzar, la de no crecer. Y confieso que le cogí cariño a esa niña traviesa que nunca dejó de creer.
El tiempo que sino pasa se hace eterno, y si pasa lo quiero congelar.

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